Camina por el mundo

Camina por el mundo

como si nada te atase a él,

al mismo tiempo hazlo

como si todos los seres humanos

lo hicieran al lado tuyo.

Deslízate por la tierra

casi como un suspiro,

tocando todos los oídos

y no quedándote en ninguno.

Atrévete a probar todas las cosas,

ten en cuenta que hay algunas prohibidas

y siempre es por una buena razón.

Recuerda que los árboles grandes y fuertes

no ceden al viento,

en cambio los pequeños

danzan con las tormentas,

así nunca se quiebran.

Agradece todo lo que recibas,

aunque muchas veces sea malo,

ya que si logras aprovecharlo

se convertirá en un eterno tesoro.

Toma lo que necesites para vivir

el resto estate dispuesta a dejarlo,

ya que nunca sabes cuando

tendrás que remontar el vuelo.

Danza por la vida siempre

con los ojos de una niña,

observándolo todo dispuesta a aprender

y aprendiendo de todos

incluso de los que no estén dispuestos a hacerlo.

Toma la vida en tus manos

como un gran enigma a ser resuelto

y así disfrutarás cada momento,

muchas veces incluso los amargos.

Siempre conserva tu corazón humilde,

él te llevará por el recto camino,

aunque parezca torcido.

Trata de mantener tu conciencia en paz,

ya que no hay dinero en el mundo

que pueda comprarla

una vez que la hayas perdido.

Paga tus deudas en tiempo y forma

para que no te creen cadenas con nadie,

pero menos aun contigo misma.

Comparte siempre las alegrías,

pero más aún las tristezas,

porque al compartirlas

las primeras se multiplican

y las segundas se dividen.

Trata de aliviar algo de dolor

siempre que puedas,

aún si es el de un extraño.

Nada llenará más de felicidad tú alma

que su agradecimiento

una vez que hayas secado sus lágrimas.

Busca siempre el sentido final de tu existencia,

y aunque no lo halles sabrás

que has hecho tu mejor esfuerzo.

Nunca le temas a la muerte,

pero tampoco la busques.

Si ella llega a tocar tu puerta,

ábrele sin miedo

ya que nunca viene fuera de término.

Hazla pasar a tu casa,

preséntale tus armas,

tus heridas y tus batallas.

Guárdate de ser pretenciosa delante de ella,

simplemente dile:

“He aquí mis victorias y mis derrotas.

Son tanto las unas como las otras

y por lo tanto no puedo decir

que he ganado la batalla.

Solo puedo afirmar

que he combatido con mi mayor esfuerzo.”

Entonces ella sonriéndote sin decir nada

te ofrecerá tomar su mano

y te invitará a partir de este mundo.

Tómala y síguela sin miedo hacia lo desconocido,

aunque creas que del otro lado

solo están las sombras de su abrazo eterno,

encontrarás paz a todas tus batallas.

Si haces esto sabrás que,

aun sin recompensas en el más allá,

tu vida no ha sido en vano

y podrás cerrar tus ojos en paz.

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Author: Sofía Beuret

Periodista, fotógrafa, escritora y poeta.

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